|
De
todas las dimensiones de la inteligencia emocional, la empatía es la que se
reconoce más fácilmente. Todos hemos sentido la empatía de un profesor o de
un amigo perceptivo; todos hemos padecido su ausencia en un mentor o un jefe
insensible. Pero cuando se trata de negocios, rara vez se oye elogiar -y mucho
menos recompensar- a las personas por su empatía. El propio término parece
poco adecuado para los negocios, fuera de lugar en medio de la dura realidad del
mercado.
Para un líder, no es cuestión de adoptar las emociones de los
demás como propias y tratar de complacer a todo el mundo. Eso sería una
pesadilla. Imposibilitaría la acción.
Como
ejemplo de empatía, tome lo que ocurrió cuando se fusionaron dos gigantescas
firmas de corretaje y se crearon puestos redundantes en todas sus divisiones. Un
gerente de división reunió a su personal y dio un sombrío discurso en el que
subrayó el número de despidos que se producirían pronto. El gerente de otra
división dio una charla muy diferente a su equipo; reconoció su propia
preocupación y confusión, y prometió mantener a la gente informada y a tratar
a todo el mundo de manera justa. La diferencia entre ambos fue la empatía. El
primer gerente estaba demasiado preocupado sobre su propio futuro como para
considerar los sentimientos de sus colegas sumidos en la ansiedad. El segundo
intuía lo que sentía su gente, y con sus palabras estaba tomando en cuenta
esos temores. ¿Sorprende saber que el primer gerente vio cómo se hundía su
división a medida que muchas personas desmoralizadas, especialmente las de más
talento, se iban? Por el contrario, el segundo siguió siendo un líder fuerte,
sus mejores empleados se quedaron, y su división continuó siendo tan
productiva como siempre.
Considere
el desafío de liderar un equipo. Como puede atestiguar cualquiera que haya
formado parte de uno, los equipos son calderos de emociones en ebullición. A
menudo tienen que alcanzar el consenso, algo que de por sí es duro entre dos
personas y que empeora a medida que la cantidad aumenta. Incluso en grupos con
sólo cuatro o cinco miembros, se forman alianzas y se fijan agendas
contrapuestas. El líder de un equipo debe ser capaz de percibir y comprender
los puntos de vista de todas las personas sentadas en la mesa.
Eso
es precisamente lo que hizo la ejecutiva de marketing de una gran empresa de
tecnología de la información cuando recibió el encargo de dirigir un equipo
problemático. El equipo estaba alborotado, sobrecargado por el trabajo y era
incapaz de cumplir los plazos de entrega. Había mucha tensión entre sus
miembros. Unos cuantos ajustes en los procedimientos no bastarían para unir al
grupo y convertirlo en parte eficiente de la empresa. Así que la ejecutiva
adoptó varias medidas. Se dio el tiempo de escuchar a todos los integrantes del
equipo en una serie de sesiones individuales, de oír lo que les frustraba, qué
opinaban de sus compañeros o si se sentían ignorados. Y después dirigió al
equipo de un modo que lo consolidó: animó a las personas a hablar más
abiertamente de sus frustraciones, y ayudó a elevar quejas constructivas
durante las reuniones. En resumen, su empatía le permitió entender el
maquillaje emocional de su grupo. El resultado no sólo fue un aumento de la
colaboración, sino también más trabajo, a medida que el equipo comenzó a ser
solicitado por un mayor número de clientes internos.
La
globalización es otra causa de la creciente importancia de la empatía en los
líderes empresariales. El diálogo intercultural puede conducir fácilmente a
equivocaciones y malentendidos. La empatía es un antídoto. Las personas que la
poseen saben distinguir las sutilezas del lenguaje corporal, pueden captar el
mensaje que se esconde detrás de las palabras. Más aún, comprenden
profundamente la existencia y la importancia de las diferencias culturales y
étnicas.
Considere
el caso de un consultor estadounidense cuyo equipo acaba de presentar un
proyecto a un potencial cliente japonés. En sus negociaciones con
estadounidenses, el equipo estaba acostumbrado a un bombardeo de preguntas tras
propuestas similares; pero esta vez hubo un prolongado silencio.
Interpretándolo como una señal de rechazo, algunos miembros del equipo
empezaron a guardar sus cosas para marcharse. Pero el líder les indicó que se
quedasen. Aunque no estaba particularmente familiarizado con la cultura
japonesa, estudió el rostro y la postura del cliente y no percibió rechazo,
sino interés y hasta una gran consideración. Estaba en lo cierto: cuando el
cliente finalmente habló, fue para encargarles el trabajo.
Cuando las buenas personas se marchan, se llevan con ellas el conocimiento de la
empresa. Es ahí donde entran en acción el coaching y el mentoring. En
repetidas ocasiones se ha demostrado que ambos no sólo conducen a un mejor
rendimiento, sino también a una mayor satisfacción laboral y menor rotación.
Pero lo que hace que sean la solución óptima es la naturaleza de la relación.
Los mejores mentores e instructores se introducen en la mente de las personas a
las que ayudan. Intuyen cómo ofrecer un feedback efectivo. Saben cuándo forzar
un mayor rendimiento y cuándo hay que contenerse. Su manera de motivar a sus
protegidos es una demostración de empatía aplicada.
A riesgo de sonar
repetitivo, quiero insistir en el poco crédito que se le otorga a la empatía
en el mundo de los negocios. La gente se pregunta cómo los líderes pueden
tomar decisiones duras o difíciles si sus “sentimientos” están con todos
aquellos que sufrirán las consecuencias. Pero los líderes con empatía hacen
algo más que simpatizar con las personas a su alrededor: utilizan sus
conocimientos para mejorar sus empresas en aspectos sutiles pero importantes.
*¿QUE
HACE A UN LÍDER?
Por
Daniel Goleman
Octubre
2004
Daniel
Goleman es el autor de "Inteligencia Emocional" (Vergara, 1996) y
coautor de "El líder resonante crea más" (Plaza & Janes, 2002).
Para contactarlo clic aquí.
Es
copresidente del Consortium for Research on Emotional Intelligence in
Organizations, con sede en la Graduate School of
Applied and Professional Psychology de Rutgers
University, en Piscataway, New Jersey. Para ir al
Consortium, hacer clic aquí.
Primer
autor en aplicar el concepto de la Inteligencia
Emocional a los negocios, en su artículo
publicado en Harvard Business Review en 1998.
Harvard
Business Review América Latina Copyright © 2004
Harvard
Business School Publishing Corporation. Contacte
haciendo clic aquí.
|