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¿ MITOS" & "VERDADES
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DOMINGO
15 de febrero de 2004
Suplementos | Empleos | Nota
Mitos y verdades del concepto de inteligencia
emocional
Hay quienes opinan que su uso es una moda y que
no aporta nada nuevo
Para sus detractores, agrupa competencias que
existían desde antes
Se duda sobre su base social o biológica
"Es el mismo vino de siempre, pero en
botella nueva." Esta es una
frase que Charles Woodruffe, consultor inglés
en gestión de Recursos
Humanos, no duda en asociar al concepto de
inteligencia emocional.
.
Luego del impacto inicial que tuvo el best
seller de Daniel Goleman,
el concepto de inteligencia emocional se puso de
moda, y fue y sigue
siendo aplicado en muchísimas organizaciones.
Woodruffe no discute
esta realidad, pero plantea, en una nota
publicada en la revista
People Management, que el concepto no es más
que un nuevo rótulo para
un conocido grupo de competencias relativas a
las relaciones
interpersonales. Es indudable que competencias
como adaptabilidad o
liderazgo no pueden tildarse de nuevas. Así
como tampoco es novedoso
que estas habilidades tienen impacto en el
desempeño. Es una verdad
bien establecida (aunque no tan difundida previo
al estrellato del
concepto de inteligencia emocional) que el éxito
laboral depende
tanto de las habilidades personales e
interpersonales como de las
cognitivas.
.
Lo que no está tan claro es la base, biológica
o aprendida, de las
competencias que pueden agruparse bajo el rótulo
de inteligencia
emocional. Goleman es, en principio, partidario
del basamento
neurológico, pero no deja de plantear, a la
vez, que la inteligencia
emocional puede ser aprendida y modificada, lo
que entraña cierta
contradicción. Además, estudios como los
realizados por Nancy
Eisenberg, de la Arizona State University,
indican que la regulación
de las emociones no es un proceso mentalmente
saludable porque,
sostenida en el tiempo, desemboca en autocensura
y represión.
.
Nos hallamos, entonces, ante una alternativa de
hierro: si la
inteligencia emocional es innata, en el sentido
que depende de la
estructura neurofisiológica de cada uno, hay un
determinismo que es
difícil de aceptar por la cultura occidental.
Pero si es un
comportamiento que puede ser autorregulado, el
horizonte se tiñe de
una uniformidad que no sólo puede ser
perniciosa para los individuos,
sino que incluso puede tener un efecto adverso
sobre la productividad
de las empresas que fomentan esos
comportamientos.
.
De hecho, muchas de las personas más creativas
y poderosas (aquellas
que encontramos en general en lo alto de las pirámides
corporativas)
no suelen demostrar ser emocionalmente
inteligentes. Por el
contrario, son normalmente egocéntricas,
focalizadas en sus propios
fines y bastante indiferentes del efecto que sus
acciones puedan
causar en los demás. Sin embargo, su éxito
laboral es indiscutible y,
en algunos casos, son esas mismas características,
supuestamente
negativas en términos de inteligencia
emocional, las que las
condujeron a la cima.
.
El concepto de inteligencia emocional también
presenta, según
Woodruffe, algunos puntos flojos en lo que
respecta a su evaluación.
Por una parte, las descripciones de las
dimensiones de la
inteligencia emocional que plantea Goleman son
demasiado similares a
las competencias que se supone se derivan de aquéllas.
Entonces,
causa y efecto se vuelven difíciles de
distinguir y, lo que es peor,
a veces se presenta una relación circular entre
los comportamientos
visibles y las cualidades que representan. Por
ejemplo, el
comportamiento de influencia muestra la
presencia de la cualidad
denominada habilidades sociales. Pero hete aquí
que una forma de
saber si alguien tiene habilidades sociales es
identificar si ejerce
influencia sobre los demás.
.
Por otra parte, las herramientas de evaluación
de la inteligencia
emocional distan de ser novedosas, lo que no
hace sino reforzar la
posición de Woodruffe sobre el tema. Los tests
han demostrado sus
debilidades por dos motivos. Primero, sólo las
personas
emocionalmente inteligentes pueden contestar con
certeza preguntas
relativas a su inteligencia emocional, así
como, análogamente, sólo
gente que tenga un determinado conocimiento de
gramática puede
identificar errores gramaticales.
.
En segundo lugar, es paradójico evaluar la
inteligencia emocional
mediante un método que es contrario a lo que se
valora como positivo.
Someter a una persona a un cuestionario sobre
temas profundamente
personales no demuestra demasiada empatía con
ella.
.
Atento estos problemas, se termina midiendo el
nivel de inteligencia
emocional de las personas por medio de la
evaluación de sus
comportamientos vía assessment centers o
feedback 360 grados. Una vez
más caemos en la evaluación, por métodos ya
conocidos, de una serie
de competencias o factores también ya
conocidos.
.
Entonces, se pregunta Woodruffe, ¿dónde está
realmente la novedad del
tan mentado nuevo concepto de la inteligencia
emocional? La respuesta
para él es simple y clara. La única novedad
radica en haber creado
una marca registrada con gancho que resalta con
su luz marketinera a
viejos conocidos para todo aquel que trabaje en
gestión de Recursos
Humanos.
.
Por Gabriela López Galelo
Para LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/suples/empleos/0408/se_573202.asp
LA NACION | 15.02.2004 | Página 2 | Empleos
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