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Hubo un tiempo en que los componentes de la inteligencia emocional se
consideraban como algo que “sería bueno tener” en los líderes
empresariales. Ahora sabemos que, por el bien del rendimiento, son ingredientes
que los líderes “deben tener”. Es una suerte, entonces, que la inteligencia
emocional se pueda aprender. El proceso no es fácil. Requiere tiempo y, sobre
todo, compromiso. Pero los beneficios que conlleva una inteligencia emocional
bien desarrollada, tanto para el individuo como para la organización, bien
valen el esfuerzo.
Los
tres primeros componentes de la inteligencia emocional son destrezas de manejo
de uno mismo. Los dos restantes, empatía y habilidades sociales, están
relacionados con la aptitud para manejar las relaciones con los demás.
Las
personas tienden a ser muy eficientes manejando relaciones cuando entienden y
controlan sus propios sentimientos y pueden tener empatía con los sentimientos
de los demás. La motivación incluso contribuye a las habilidades sociales.
Recuerde que las personas con orientación al logro suelen ser optimistas,
incluso frente a reveses o fracasos. Cuando están optimistas, su “brillo”
se proyecta en conversaciones y encuentros sociales. Son populares y por buenas
razones. Al ser consecuencia de las otras dimensiones de la inteligencia
emocional, las habilidades sociales se manifiestan en el trabajo de varias
maneras.
Las
personas con habilidades sociales, por ejemplo, son especialistas en la gestión
de equipos (ésa es su empatía en el trabajo). Asimismo, son expertas en la
persuasión (una manifestación combinada de autoconocimiento, autorregulación
y empatía). Dadas esas capacidades, los buenos persuasores saben cuándo apelar
a las emociones, por ejemplo, y cuándo resulta mejor apelar a la razón. La
motivación, cuando es visible, convierte a esas personas en excelentes
colaboradores; su pasión por el trabajo se contagia a los demás, y los mueve
el impulso de buscar soluciones.
Pero
las habilidades sociales se muestran a veces de maneras en que no lo hace el
resto de los componentes de la inteligencia emocional. De hecho, a veces puede
parecer que las personas con habilidades sociales no están trabajando en sus
horas laborables; da la impresión de que están congeniando ociosamente,
conversando en los pasillos con colegas o bromeando con personas que no tienen
nada que ver con sus obligaciones “reales”. Pero estas personas consideran
que no tiene sentido limitar arbitrariamente el alcance de sus relaciones.
Establecen lazos con un criterio amplio, porque saben que en estos tiempos
cambiantes, quizás algún día necesiten ayuda de las personas que hoy recién
están conociendo.
Considere,
a modo de ejemplo, el caso de un ejecutivo del departamento de estrategia de un
importante fabricante de computadoras. En 1993 estaba convencido de que el
futuro de la organización yacía en Internet. A lo largo del año siguiente,
buscó a los espíritus afines a su planteamiento y utilizó sus habilidades
sociales para ensamblar una comunidad virtual que atravesaba niveles, divisiones
y países. Después, utilizó ese equipo de facto para lanzar un sitio web
corporativo, uno de los primeros de una gran empresa. Y por iniciativa propia,
sin ningún presupuesto o estatus formal, inscribió a la empresa en una
convención anual de la industria de Internet. Telefoneando a sus aliados y
persuadiendo a varias divisiones para que donasen fondos, reunió a más de 50
personas de una docena de unidades diferentes para representar al fabricante en
la convención. La alta dirección se dio cuenta: a menos de un año de la
conferencia, el grupo del ejecutivo, con él a la cabeza, constituyó la base de
la primera división de Internet de la empresa. Para llegar hasta allí, el
ejecutivo había ignorado las fronteras convencionales, estableciendo y
manteniendo conexiones con personas en cada recodo de la organización.
¿Se
considera a las habilidades sociales como una aptitud clave para el liderazgo en
la mayoría de las empresas? La respuesta es sí, especialmente cuando se
compara con los otros componentes de la inteligencia emocional. La gente parece
saber por intuición que los líderes necesitan manejar las relaciones
eficazmente. Ningún líder es una isla. Al fin y al cabo, la misión del líder
es lograr que el trabajo se haga a través de otras personas, y las habilidades
sociales lo hacen posible. Un líder que no puede expresar su empatía quizás
no la tiene en absoluto. Y la motivación de un líder es inútil si no puede
trasmitir su pasión a la organización. Las habilidades sociales permiten a los
líderes aplicar su inteligencia emocional al trabajo. Sería ridículo aseverar
que el viejo y querido coeficiente intelectual y las destrezas técnicas no son
ingredientes importantes para un buen liderazgo. Pero la receta no estaría
completa sin la inteligencia emocional.
Los
líderes verdaderamente efectivos se distinguen por un alto grado de
inteligencia emocional, la cual incluye autoconciencia, autorregulación,
motivación, empatía y habilidades sociales, junto a la inteligencia
intelectual, la firmeza, la determinación y la visión, todo, necesario para el éxito.
*¿QUE
HACE A UN LÍDER?
Por
Daniel Goleman
Octubre
2004
Daniel
Goleman es el autor de "Inteligencia Emocional" (Vergara, 1996) y
coautor de "El líder resonante crea más" (Plaza & Janes, 2002).
Para contactarlo clic aquí.
Es
copresidente del Consortium for Research on Emotional Intelligence in
Organizations, con sede en la Graduate School of
Applied and Professional Psychology de Rutgers
University, en Piscataway, New Jersey. Para ir al
Consortium, hacer clic aquí.
Primer
autor en aplicar el concepto de la Inteligencia
Emocional a los negocios, en su artículo
publicado en Harvard Business Review en 1998.
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