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A
muchas personas les motivan factores externos, tales como un buen salario o el
estatus que implica un título imponente o formar parte de una empresa de
prestigio.
Si
está buscando líderes, ¿cómo puede identificar a personas a quienes les
motive el afán de logro en vez de las recompensas externas? La primera señal
es la pasión por el trabajo en sí; tales personas buscan desafíos creativos,
adoran aprender y se enorgullecen del trabajo bien hecho. También derrochan una
energía inagotable por hacer las cosas mejor. Las personas con esa energía no
se suelen dar por satisfechas con el statu quo. Son persistentes en sus
preguntas sobre por qué las cosas se hacen de un modo u otro, están ansiosas
por explorar nuevas aproximaciones a su trabajo.
El
gerente de una empresa de cosméticos, por ejemplo, estaba frustrado porque
tenía que esperar dos semanas para recibir los resultados de ventas de su
equipo en terreno. Finalmente, descubrió un sistema telefónico automático que
llamaba a cada vendedor todos los días a las 5 pm y les pedía que digitaran
sus cifras (el número de llamadas y de ventas de la jornada). El sistema redujo
de semanas a horas el tiempo de notificación de los resultados de ventas.
Esta
historia ilustra otros dos rasgos comunes en las personas que se sienten
impulsadas al logro. Siempre están elevando la vara del desempeño, y les gusta
llevar la cuenta.
Durante
sus evaluaciones de desempeño, las personas con altos niveles de motivación
podrían pedir a sus supervisores que les “exijan”. Por supuesto, un
empleado que combina autoconocimiento y motivación interna sabe reconocer sus
límites, pero no se contentará con objetivos demasiado fáciles de cumplir.
Por consiguiente, es natural que las personas con tendencia a mejorar también
demanden un método para controlar el progreso, el propio, el de su equipo y el
de la empresa.
Mientras las personas con escasa motivación hacia el logro se
muestran imprecisas respecto a los resultados, aquellas con niveles altos de
motivación se mantienen al tanto de indicadores tan concluyentes como la
rentabilidad y la participación de mercado.
Conozco
a un gerente financiero que comienza y termina su día en Internet, midiendo el
comportamiento de su fondo de inversión respecto a cuatro puntos de referencia
del sector. Curiosamente, las personas con motivación alta son optimistas
incluso cuando los resultados son adversos. En casos así, la autorregulación
se combina con la motivación hacia el logro para superar la frustración y la
depresión que se producen tras un revés o fracaso.
Tome
el caso de la gestora de una cartera de valores de una gran empresa de
inversiones. Tras varios años exitosos, su fondo cayó durante tres trimestres
consecutivos, lo que condujo a tres grandes clientes institucionales a trasladar
sus negocios a otra parte. Algunos ejecutivos culparían de la caída a
circunstancias ajenas a su control; otros la interpretarían como la evidencia
de un fracaso personal. Esta gerente, sin embargo, lo asumió como una
oportunidad para demostrar que podía liderar un cambio. Dos años más tarde,
cuando ascendió a un puesto muy alto en la empresa, describió su experiencia
como “lo mejor que me ha pasado jamás; aprendí muchísimo de ello”.
Los
ejecutivos que intenten detectar altos niveles de motivación hacia el logro
entre su personal pueden fijarse en una última evidencia: el compromiso con la
organización. Cuando las personas aman sus trabajos por el trabajo en sí, a
menudo se sienten comprometidas con las entidades que hacen posible esa labor.
Los empleados comprometidos suelen permanecer en una organización, aun cuando
les persigan cazatalentos con los billetes en la mano. No es difícil comprender
cómo y por qué la motivación hacia el logro se traduce en un liderazgo
sólido.
Si
usted se fija a sí mismo una vara alta de desempeño, hará lo mismo con la
organización cuando esté en posición de hacerlo. Asimismo, el impulso a
superar las metas y el interés por mantenerse al tanto de los éxitos pueden
ser contagiosos. Los líderes con estos rasgos suelen rodearse a menudo de un
equipo de gerentes con características similares. Y, por supuesto, el optimismo
y el compromiso con la organización son fundamentales para el liderazgo; sólo
imagínese dirigir una empresa sin esos rasgos.
*¿QUE
HACE A UN LÍDER?
Por
Daniel Goleman
Octubre
2004
Daniel
Goleman es el autor de "Inteligencia Emocional" (Vergara, 1996) y
coautor de "El líder resonante crea más" (Plaza & Janes, 2002).
Para contactarlo clic aquí.
Es
copresidente del Consortium for Research on Emotional Intelligence in
Organizations, con sede en la Graduate School of
Applied and Professional Psychology de Rutgers
University, en Piscataway, New Jersey. Para ir al
Consortium, hacer clic aquí.
Primer
autor en aplicar el concepto de la Inteligencia
Emocional a los negocios, en su artículo
publicado en Harvard Business Review en 1998.
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