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Las
empresas invierten miles de dólares al año en
programas destinados a enseñar competencias
conductuales como el liderazgo, pero
investigaciones realizadas al respecto
demuestran que el beneficio de esos programas
acaba desvaneciéndose entre los tres y seis
meses después de haberlos concluido.
La
mayor parte de los programas mencionados
anteriormente se centran exclusivamente en las
facultades intrínsecas de la corteza cerebral
(capas externas periféricas del cerebro) es
decir, en el aprendizaje de habilidades
cognitivas (matemático-lógico-verbales) de
competencias técnicas. Este sistema nervioso
cerebral pensante es capaz de aprender rápidamente,
tanto que en ocasiones basta con una simple
lectura.
No
obstante, la creatividad, el liderazgo, como
otra inmensa mayoría de conductas también
involucran facultades distintas a las asociadas
con la corteza cerebral.
Es
así como zonas profundas (núcleos de tejido
nervioso) dentro del cerebro, y cercanas a los
centros nerviosos neurovegetativos que regulan
las funciones más automáticas y rápidas del
organismo (como el tono muscular, la secreción
hormonal o los ritmos cardiaco y respiratorio)
aportan sus propias facultades que hacen
características cada una de las conductas
expresadas exteriormente por las personas, en resonancia
con efectos internos concomitantes.
De
este modo, cuando se habla de Inteligencia
Emocional [IE], se hace referencia directa
a todo el conjunto de facultades asociadas al
sistema nervioso cerebral emocional y su
poderoso efecto sobre infinidad de variables
biológicas, para las cuales el proceso de
aprendizaje es muy diferente y también, por
cierto, mucho más lento comparado con el del
cerebro pensante.
"Este
es uno de los principales motivos por los cuales
para llegar a dominar una nueva competencia por
ejemplo como el liderazgo, no basta con la
simple lectura de un manual o con un seminario
de un par de días, sino que se requiere mucha
repetición y mucha práctica. Y contrariamente
a lo que sucede con el intelecto, cuando el
aprendizaje del liderazgo se atiene a ciertos
principios básicos, las mejoras logradas pueden
ser permanentes, aunque ello, evidentemente,
exija la adecuada motivación, el compromiso de
los interesados y un esfuerzo deliberado y
persistente".*
Entre
otros argumentos científicamente comprobados,
las acciones del líder son responsables por un
70% de la percepción que los empleados tienen
del ambiente de la empresa."*
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